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domingo, 30 de septiembre de 2007

La oportunidad de las FARC de hacer algo bien por Colombia

Tomado del washingtonpost.com



Por Marcela Sanchez
Especial por washingtonpost.com
Friday, September 28, 2007; 12:01 AM

La agrupación guerrillera más antigua de América Latina, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, no podrían pedir una mejor oportunidad para hacer lo correcto. Por 43 años las FARC han combatido al estado colombiano y más recientemente se han beneficiado del narcotráfico y los secuestros. Ahora están usando 45 rehenes de alto perfil, incluida una ex candidata presidencial y tres ciudadanos estadounidenses, como peones para negociar la liberación de cientos de miembros de las FARC detenidos en cárceles colombianas.

El último intento de canje adquirió nuevo impulso hace menos de dos meses. El 15 de agosto, el Presidente colombiano Álvaro Uribe, alejándose de su línea dura, anunció el nombramiento de su archirival política, la Senadora Piedad Córdoba, como facilitadora de un intercambio. Córdoba se dispuso a buscar el acuerdo humanitario con las FARC y se acercó al Presidente venezolano Hugo Chávez quien ha aceptado mediar e incluso ofrecido sostener negociaciones en Venezuela.
La participación de Chávez es el elemento más importante que hace de este esfuerzo el más prometedor en años. Chávez está proporcionando "una esperanza, una luz que ya no veíamos hace mucho tiempo", dijo Mariana Howes, esposa de uno de los estadounidenses, tras una reunión con Chávez en Caracas el martes en la noche. Las FARC parecen confiar en él y su perfil como líder de la izquierda y sucesor simbólico de Fidel Castro le dan prestigio dentro del movimiento guerrillero.

Incluso la administración Bush ha bajado el tono a su discurso en contra de la negociación con terroristas y le ha dado a Chávez, su enemigo rotundo en la región, cierto margen de maniobra. El nuevo embajador estadounidense en Bogotá, William Brownfield, ha considerado "positiva" la mediación de Chávez.

Otros líderes también respaldan a Chávez, incluido el Presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien la semana pasada ofreció territorio brasileño para las negociaciones, y el Presidente francés Nicolás Sarkozy, que ha estado presionando a Uribe para que negocie un acuerdo particularmente para la liberación de Ingrid Betancourt, la ex candidata presidencial que es también ciudadana francesa.

Todos estos elementos elevan el perfil de las negociaciones mientras que la participación de líderes de izquierda en la región significa, al menos en términos de cierta afinidad política, la presencia en la mesa de negociaciones de figuras más comprensivas. Córdoba, quien ve el acuerdo como un primer paso hacia una negociación de paz, me dijo en una conversación el viernes que si los colombianos tienen alguna razón para confiar en las FARC esta vez se debe precisamente a que esos líderes de izquierda personifican la opción pacífica y democrática que las FARC podrían significar algún día.
¡Qué mejor momento para dejar ir a los secuestrados! Pero si 43 años con las FARC le han enseñado algo a los colombianos es a estar preparados para desilusionarse. Las FARC muchas veces han generado esperanzas solo para después arrojarlas por la borda.

En mayo Jhon Frank Pinchao, un policía colombiano que escapó a sus captores de las FARC después de estar secuestrado casi nueve años, informó que Betancourt, los estadounidenses y muchos otros estaban todavía vivos en la selva colombiana. Pero apenas un mes después surgió la noticia de que 11 de los secuestrados habían sido asesinados. A comienzos de este mes el Comité Internacional de la Cruz Roja rescató los cadáveres. Muchos tenían varias heridas de bala, algunas a quemarropa.

Incluso con la participación de Chávez, las FARC continúan poniendo obstáculos. En una carta al mandatario venezolano la semana pasada, el comandante de las FARC Manuel Marulanda insistió en que solo negociará si el gobierno colombiano garantiza la seguridad de los representantes de las FARC desmilitarizando una zona en Colombia donde las negociaciones se llevarían a cabo.

Durante el gobierno del predecesor de Uribe las FARC usaron una táctica similar para hacerle creer a los colombianos que tomaban en serio un diálogo de paz. Después de tres años de escaso progreso, se hizo claro que las FARC estaban usando la zona para recuperar fuerzas y cometer actos ilícitos. En febrero de 2002 el entonces Presidente Andrés Pastrana terminó las conversaciones. No sorprende entonces que Uribe haya rechazado en repetidas ocasiones la nueva condición de Marulanda.

Si de alguna manera Chávez logra sacar adelante una negociación exitosa y los secuestrados regresan a casa, su posición a nivel internacional se elevará. Ese será un importante logro si se tiene en cuenta que hace apenas un año tocó fondo a nivel internacional con su tristemente célebre discurso ante la ONU en que comparó al Presidente Bush con Satanás.

Uribe también podría llevarse el crédito de haber nombrado a Córdoba y permitido que Chávez mediara y las FARC podrían recuperar cierta legitimidad política.

Claro está que esas evaluaciones de triunfadores y triunfos políticos escasamente importan a los capturados. Dichos cálculos son insignificantes y no debieran interponerse a un acuerdo humanitario. La vida de los secuestrados depende de ello.
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